¿El universo da indicios de haber sido creado con una intencionalidad o es fruto del azar? En caso afirmativo, la potencia que lo creó es una fuerza per¬sonal, porque sólo las personas tienen intenciones.
Puede ser conveniente hacernos una idea del tamaño del universo. Se estima en 100.000 millones el número de galaxias. Y cada una de ellas contiene unos 200.000 millones de estrellas. El universo observable mide, de un extremo a otro, 15.000 millones de años luz.
Se sabe que el universo se rige por unas leyes constantes, como la gravitatoria, la electrostática, la carga del electrón, la velocidad de la luz, etc. Todas ellas se han podido medir con gran precisión. Pues bien, la más mínima variación en el equilibrio entre ellas habría llevado a un universo inviable, que habría durado millonésimas de segundo hasta quedar convertido en un agujero negro o que nunca hubiese pasado de ser una «sopa» de hidrógeno.
Roger Penrose, profesor de Matemáticas de Oxford, ha calculado la probabilidad de que ese equilibrio se haya dado por casualidad. Solo un universo de cada 10(10)^128, salidos por azar, sería viable. Esto sólo admite una lectura sensata: vivimos en un uni¬verso diseñado. Alguien –el Diseñador, y no “algo”- lo ha diseñado para que «funcione», para que sirva para algo.
Pero otros sostienen que es fruto del azar. Ima¬ginemos una casa en mitad de una llanura. Pregun¬tamos quién la ha hecho y nos cuentan: «Un avión que lle¬vaba en su bodega todo el material necesario para la construcción de una casa, pasó volando. Abrió las compuertas y los materiales fueron a caer de forma tal que se formó la casa». Es como si un avión lanzase al aire todas las letras que componen El Quijote, y al caer, por azar, quedase redactada la novela.
Nadie en su sano juicio creería tan peregrina historia. «Es cierto -nos dicen-, si sólo hubiese pasado un avión, pero puede que hayan pasado muchos millones, haciendo cada uno de ellos lo mismo. En todas las ocasiones, el resul¬tado ha sido un montón de escombros. Menos en una en la que ha aparecido una casa». Si el número de aviones que han pasado es del mismo orden de magnitud que la probabilidad de que la casa apa¬rezca, la cosa puede ocurrir.
Pero, ¿en qué planteamiento hay más economía de hipótesis, o qué requiere más “fe”? ¿En un único universo creado por un Diseñador o en 10(10)^128 menos un universos inútiles, salidos no se sabe de dónde, simple¬mente para ser una pulga entre la nada y la nada en el que aparezcan unos pobres hombres capa¬ces de preguntarse por su sentido, pero irremisi¬blemente desorientados y sin la más mínima posi¬bilidad de encontrar nunca su inexistente destino?
Otra objeción:
¿No pudiera ser que todas las bolas del bombo llevasen el mismo número? Es decir, que las leyes de la física exigiesen la creación antes o después. Si así fuese, las leyes de la física tendrían que ser las que son en cualquier uni¬verso y todos ellos serían viables.
Pero, ¿en virtud de qué leyes superiores deben las leyes físicas originar necesariamente un universo viable?
Si todo fuese fruto del azar, las masas podrían atraerse unas veces con una fuerza y otras, con otra, lo que haría a la naturaleza ilógica e impo¬sible de comprender ¿De dónde puede venir ese or¬den? ¿Podría haber alguna ley constante salida del azar?
lunes, 25 de noviembre de 2013
lunes, 18 de noviembre de 2013
Dios y el concepto de causalidad
¿No cabe pensar que el universo es fruto del azar? Eso sería como si el Quijote fuese fruto de tirar todas sus letras al aire, y cayesen ordenadas en frases, componiendo la mejor novela de los tiempos. Recurrir a una gigantesca casualidad para evitar la explicación por causalidad, es más fideísta aún que el fideísmo de la fe, si existiese.
Donde parece haber un plan hay alguien que ha planificado. Yo no puedo demostrar empíricamente que el mundo ha sido creado por Dios; pero tampoco se puede demostrar lo contrario. No se puede sostener que el mundo se ha hecho solo, o a sí mismo.
Si de un grifo sale agua, detrás hay una tubería, y luego otra mayor y general, y otra mayor que desvía un río, pero al final hay un pantano o una fuente.
Si no hay bellotas no podemos plantar un roble, pero las bellotas vienen de los robles. ¿Quién hizo el primer roble?
¿Quién guió la evolución de los átomos según leyes que evitaron un desarrollo caótico?
Todos los seres son efectos de unas causas, y tiene que haber una primera causa. Pretender que un número infinito de causas pueda dispensar de que hay una primera, es afirmar que un pincel puede pintar por sí mismo, con tal de ser infinitamente largo.
Si vemos una chaqueta colgada en la pared, pero no vemos el gancho, no pensamos que las chaquetas flotan, sino que algo la sujeta. Que yo no conozca la causa no me lleva a pensar que no existe causa. Con ese razonamiento, no investigaríamos nada, ni existiría la ciencia.
Algunos dicen que la dialéctica causa-efecto es un invento filosófico, no existente en la naturaleza. Pero ellos no meten los dedos en el enchufe, porque la dialéctica enchufe-calambrazo sí es real y natural.
El conocimiento de Dios es, por tanto, de tipo natural, no de fe. Pero exige una manera de pensar recta, y a veces renunciamos al discurso racional, porque reconocer que Dios existe implica obedecerle, o rendirle cuentas. Dios se revela para facilitárnoslo.
Donde parece haber un plan hay alguien que ha planificado. Yo no puedo demostrar empíricamente que el mundo ha sido creado por Dios; pero tampoco se puede demostrar lo contrario. No se puede sostener que el mundo se ha hecho solo, o a sí mismo.
Si de un grifo sale agua, detrás hay una tubería, y luego otra mayor y general, y otra mayor que desvía un río, pero al final hay un pantano o una fuente.
Si no hay bellotas no podemos plantar un roble, pero las bellotas vienen de los robles. ¿Quién hizo el primer roble?
¿Quién guió la evolución de los átomos según leyes que evitaron un desarrollo caótico?
Todos los seres son efectos de unas causas, y tiene que haber una primera causa. Pretender que un número infinito de causas pueda dispensar de que hay una primera, es afirmar que un pincel puede pintar por sí mismo, con tal de ser infinitamente largo.
Si vemos una chaqueta colgada en la pared, pero no vemos el gancho, no pensamos que las chaquetas flotan, sino que algo la sujeta. Que yo no conozca la causa no me lleva a pensar que no existe causa. Con ese razonamiento, no investigaríamos nada, ni existiría la ciencia.
Algunos dicen que la dialéctica causa-efecto es un invento filosófico, no existente en la naturaleza. Pero ellos no meten los dedos en el enchufe, porque la dialéctica enchufe-calambrazo sí es real y natural.
El conocimiento de Dios es, por tanto, de tipo natural, no de fe. Pero exige una manera de pensar recta, y a veces renunciamos al discurso racional, porque reconocer que Dios existe implica obedecerle, o rendirle cuentas. Dios se revela para facilitárnoslo.
Argumentos racionales sobre la existencia de Dios
Argumento del Primer motor inmóvil, de Aristóteles (s. IV a.C.)
Todo móvil, a su vez debe ser movido por un motor y éste a su vez, debe ser movido por otro motor, de modo que la cadena de móviles necesita de un primer motor que no sea movido a su vez por otro. Este Primer motor inmóvil debe ser acto puro, forma pura, pues si no estuviese en acto sería imposible que pueda ser motor de algo.
Aristóteles describe el argumento en su Metafísica XII. Describe al Primer Motor como "gnoesis gnoeseos" (conocimiento de conocimiento), de manera que el Primer Motor conoce sólo lo más perfecto: él mismo.
El Primer Motor aristotélico no conocería el mundo creado, sino que sólo realizaría la actividad más perfecta: pensar, conocer. Y sólo puede conocer lo más perfecto que es él mismo. No habría lugar para los hombres o el universo en el pensar del Primer Motor: no es un dios providente.
Tampoco puede ser infinito, porque conocer consiste en acotar, poner límites a la realidad, y el conocimiento de algo ilimitado –dios mismo-, al no poder ser fijado, acabaría por no ser conocimiento.
Argumento del científico persa Avicena (980-1037)
«Todos, incluso aquellos que niegan la existencia de Dios, tienen en su mente la noción de Dios; en efecto, si no la tuvieran, no entenderían lo que dicen cuando afirman que no existe. Ahora bien, esa noción es la del ser más allá del cual no cabe ni siquiera concebir algo más perfecto. Pues bien, ése ser perfectísimo ha de existir necesariamente, pues, ya que la existencia es una perfección, de no ser así, cualquier cosa que existiera sería más perfecta que Él y eso sería contradictorio. Por lo tanto, es necesario que Dios exista».
El argumento de la primera causa, de Sto Tomás de Aquino (1220-1274).
Todo lo que existe tiene una causa que, a su vez, tiene otra causa, y así sucesivamente remontándose hasta llegar a la causa primigenia, o sea, Dios; no admitía que la serie de causas pudiera ser infinita.
1. Todo lo que tiene un principio, tiene una causa.
2. El universo tuvo un principio, y por tanto tuvo una causa.
3. Ninguna causa puede crearse por sí misma. Todo es causado por otra cosa.
4. La cadena de causa y efecto no puede ser infinita.
5. Debe de existir un inicio o primera causa.
6. La primera causa puede ser definida como Dios al cumplir con su definición.
Y si todo tiene que tener alguna causa, ¿entonces Dios debería tener una causa?” No, la causa primera, incausada, es Dios.
El argumento teleológico o intencional
1. Un fenómeno X (p.e. el universo, el proceso evolutivo, al ser humano, etc.) es demasiado complejo como para haber ocurrido al azar. El universo contiene cosas no hechas por el hombre, y que son irreduciblemente complejas.
2. Todas las cosas irreduciblemente complejas presentan intención o preconcepción.
3. La Preconcepción, proyección y la invención, hace necesario un intelecto, mente o voluntad.
4. Dios es el único ser inteligente que ha podido crear X (p.e. el universo, el proceso evolutivo, al ser humano, etc.)
5. Por lo tanto Dios existe.
Argumento ontológico de Descartes (1596-1650)
Aparece en la cuarta parte del Discurso del Método (en la que expone su Pienso, luego existo), y en sus Meditaciones metafísicas (Quinta Meditación, Meditaciones 8 y 10).
1.Cualquier cosa que percibo clara y distintivamente contenida en la idea de algo, debe ser cierta.
2.Clara y distintivamente percibo que, en la idea de Dios se contiene la existencia necesaria.
3.Por tanto, Dios existe.
La perfección de Dios se deriva su existencia, del mismo modo en que una montaña implica necesariamente un valle.
La apuesta de Pascal (1623-1662)
Es un argumento basado en el supuesto de que la existencia de Dios es una cuestión de azar. Aunque no haya evidencia de que Dios existe, lo racional es apostar que sí existe. "La razón es que, aún cuando la probabilidad de la existencia de Dios fuera extremadamente pequeña, tal pequeñez sería compensada por la gran ganancia que se obtendría, o sea, la gloria eterna." Básicamente, el argumento plantea cuatro escenarios:
* Puedes creer en Dios; si existe, entonces irás al cielo.
* Puedes creer en Dios; si no existe, entonces no ganarás nada.
* Puedes no creer en Dios; si no existe, entonces tampoco ganarás nada.
* Puedes no creer en Dios; si existe, entonces no irás al cielo[
“Usted tiene dos cosas que perder: la verdad y el bien, y dos cosas que comprometer: su razón y su voluntad, su conocimiento y su bienaventuranza; y su naturaleza posee dos cosas de las que debe huir: el error y la miseria. (…) Vamos a pesar la ganancia y la pérdida, eligiendo cruz (de cara o cruz) para el hecho de que Dios existe. Estimemos estos dos casos: si usted gana, usted gana todo; si usted pierde, usted no pierde nada. Apueste usted que Él existe, sin titubear. (Pensamientos. Blaise Pascal, 1670)
Todo móvil, a su vez debe ser movido por un motor y éste a su vez, debe ser movido por otro motor, de modo que la cadena de móviles necesita de un primer motor que no sea movido a su vez por otro. Este Primer motor inmóvil debe ser acto puro, forma pura, pues si no estuviese en acto sería imposible que pueda ser motor de algo.
Aristóteles describe el argumento en su Metafísica XII. Describe al Primer Motor como "gnoesis gnoeseos" (conocimiento de conocimiento), de manera que el Primer Motor conoce sólo lo más perfecto: él mismo.
El Primer Motor aristotélico no conocería el mundo creado, sino que sólo realizaría la actividad más perfecta: pensar, conocer. Y sólo puede conocer lo más perfecto que es él mismo. No habría lugar para los hombres o el universo en el pensar del Primer Motor: no es un dios providente.
Tampoco puede ser infinito, porque conocer consiste en acotar, poner límites a la realidad, y el conocimiento de algo ilimitado –dios mismo-, al no poder ser fijado, acabaría por no ser conocimiento.
Argumento del científico persa Avicena (980-1037)
«Todos, incluso aquellos que niegan la existencia de Dios, tienen en su mente la noción de Dios; en efecto, si no la tuvieran, no entenderían lo que dicen cuando afirman que no existe. Ahora bien, esa noción es la del ser más allá del cual no cabe ni siquiera concebir algo más perfecto. Pues bien, ése ser perfectísimo ha de existir necesariamente, pues, ya que la existencia es una perfección, de no ser así, cualquier cosa que existiera sería más perfecta que Él y eso sería contradictorio. Por lo tanto, es necesario que Dios exista».
El argumento de la primera causa, de Sto Tomás de Aquino (1220-1274).
Todo lo que existe tiene una causa que, a su vez, tiene otra causa, y así sucesivamente remontándose hasta llegar a la causa primigenia, o sea, Dios; no admitía que la serie de causas pudiera ser infinita.
1. Todo lo que tiene un principio, tiene una causa.
2. El universo tuvo un principio, y por tanto tuvo una causa.
3. Ninguna causa puede crearse por sí misma. Todo es causado por otra cosa.
4. La cadena de causa y efecto no puede ser infinita.
5. Debe de existir un inicio o primera causa.
6. La primera causa puede ser definida como Dios al cumplir con su definición.
Y si todo tiene que tener alguna causa, ¿entonces Dios debería tener una causa?” No, la causa primera, incausada, es Dios.
El argumento teleológico o intencional
1. Un fenómeno X (p.e. el universo, el proceso evolutivo, al ser humano, etc.) es demasiado complejo como para haber ocurrido al azar. El universo contiene cosas no hechas por el hombre, y que son irreduciblemente complejas.
2. Todas las cosas irreduciblemente complejas presentan intención o preconcepción.
3. La Preconcepción, proyección y la invención, hace necesario un intelecto, mente o voluntad.
4. Dios es el único ser inteligente que ha podido crear X (p.e. el universo, el proceso evolutivo, al ser humano, etc.)
5. Por lo tanto Dios existe.
Argumento ontológico de Descartes (1596-1650)
Aparece en la cuarta parte del Discurso del Método (en la que expone su Pienso, luego existo), y en sus Meditaciones metafísicas (Quinta Meditación, Meditaciones 8 y 10).
1.Cualquier cosa que percibo clara y distintivamente contenida en la idea de algo, debe ser cierta.
2.Clara y distintivamente percibo que, en la idea de Dios se contiene la existencia necesaria.
3.Por tanto, Dios existe.
La perfección de Dios se deriva su existencia, del mismo modo en que una montaña implica necesariamente un valle.
La apuesta de Pascal (1623-1662)
Es un argumento basado en el supuesto de que la existencia de Dios es una cuestión de azar. Aunque no haya evidencia de que Dios existe, lo racional es apostar que sí existe. "La razón es que, aún cuando la probabilidad de la existencia de Dios fuera extremadamente pequeña, tal pequeñez sería compensada por la gran ganancia que se obtendría, o sea, la gloria eterna." Básicamente, el argumento plantea cuatro escenarios:
* Puedes creer en Dios; si existe, entonces irás al cielo.
* Puedes creer en Dios; si no existe, entonces no ganarás nada.
* Puedes no creer en Dios; si no existe, entonces tampoco ganarás nada.
* Puedes no creer en Dios; si existe, entonces no irás al cielo[
“Usted tiene dos cosas que perder: la verdad y el bien, y dos cosas que comprometer: su razón y su voluntad, su conocimiento y su bienaventuranza; y su naturaleza posee dos cosas de las que debe huir: el error y la miseria. (…) Vamos a pesar la ganancia y la pérdida, eligiendo cruz (de cara o cruz) para el hecho de que Dios existe. Estimemos estos dos casos: si usted gana, usted gana todo; si usted pierde, usted no pierde nada. Apueste usted que Él existe, sin titubear. (Pensamientos. Blaise Pascal, 1670)
Las 5 vías de Santo Tomás
(Suma de Teología, primera parte, q. 2, art. 3)
La existencia de Dios puede ser probada de cinco maneras distintas:
1) La primera y más clara es la que se deduce del movimiento. Pues es cierto, y lo perciben los sentidos, que en este mundo hay movimiento. Y todo lo que se mueve es movido por otro. De hecho nada se mueve a no ser que en, cuanto potencia, esté orientado a aquello por lo que se mueve. Por su parte, quien mueve está en acto. Pues mover no es más que pasar de la potencia al acto. La potencia no puede pasar a acto más que por quien está en acto.
Ejemplo: El fuego, en acto caliente, hace que la madera, en potencia caliente, pase a caliente en acto. De este modo la mueve y cambia. Pero no es posible que una cosa sea lo mismo simultáneamente en potencia y en acto; sólo lo puede ser respecto a algo distinto.
Ejemplo: Lo que es caliente en acto, no puede ser al mismo tiempo caliente en potencia, pero sí puede ser en potencia frío.
Igualmente, es imposible que algo mueva y sea movido al mismo tiempo, o que se mueva a sí mismo. Todo lo que se mueve necesita ser movido por otro.
Pero si lo que es movido por otro se mueve, necesita ser movido por otro, y éste por otro. Este proceder no se puede llevar indefinidamente, porque no se llegaría al primero que mueve, y así no habría motor alguno pues los motores intermedios no mueven más que por ser movidos por el primer motor.
Ejemplo: Un bastón no mueve nada si no es movido por la mano. Por lo tanto, es necesario llegar a aquel primer motor al que nadie mueve. En éste, todos reconocen a Dios.
2) La segunda es la que se deduce de la causa eficiente. Pues nos encontramos que en el mundo sensible hay un orden de causas eficientes. Sin embargo, no encontramos, ni es posible, que algo sea causa eficiente de sí mismo, pues sería anterior a sí mismo, cosa imposible. En las causas eficientes no es posible proceder indefinidamente porque en todas las causas eficientes hay orden: la primera es causa de la intermedia; y ésta, sea una o múltiple, lo es de la última. Puesto que, si se quita la causa, desaparece el efecto, si en el orden de las causas eficientes no existiera la primera, no se daría tampoco ni la última ni la intermedia. Si en las causas eficientes llevásemos hasta el infinito este proceder, no existiría la primera causa eficiente; en consecuencia no habría efecto último ni causa intermedia y esto es absolutamente falso. Por lo tanto, es necesario admitir una causa eficiente primera. Todos la llaman Dios.
3) La tercera es la que se deduce a partir de lo posible y de lo necesario. Y dice: Encontramos que las cosas pueden existir o no existir, pues pueden ser producidas o destruidas, y consecuentemente es posible que existan o que no existan. Es imposible que las cosas sometidas a tal posibilidad existan siempre, pues lo que lleva en sí mismo la posibilidad de no existir, en un tiempo no existió. Si, pues, todas las cosas llevan en sí mismas la posibilidad de no existir, hubo un tiempo en que nada existió. Pero si esto es verdad, tampoco ahora existiría nada, puesto que lo que no existe no empieza a existir más que por algo que ya existe. Si, pues, nada existía, es imposible que algo empezara a existir; en consecuencia, nada existiría; y esto es absolutamente falso. Luego no todos los seres son sólo posibilidad; sino que es preciso algún ser necesario. Todo ser necesario encuentra su necesidad en otro, o no la tiene.
Por otra parte, no es posible que en los seres necesarios se busque la causa de su necesidad llevando este proceder indefinidamente, como quedó probado al tratar las causas eficientes (núm. 2). Por lo tanto, es preciso admitir algo que sea absolutamente necesario, cuya causa de su necesidad no esté en otro, sino que él sea causa de la necesidad de los demás. Todos le dicen Dios.
4) La cuarta se deduce de la jerarquía de valores que encontramos en las cosas. Pues nos encontramos que la bondad, la veracidad, la nobleza y otros valores se dan en las cosas. En unas más y en otras menos. Pero este más y este menos se dice de las cosas en cuanto que se aproximan más o menos a lo máximo. Así, caliente se dice de aquello que se aproxima más al máximo calor.
Hay algo, por tanto, que es muy veraz, muy bueno, muy noble; y, en consecuencia, es el máximo ser; pues las cosas que son sumamente verdaderas, son seres máximos, como se dice en II Metáis. Como quiera que en cualquier género, lo máximo se convierte en causa de lo que pertenece a tal género -así el fuego, que es el máximo calor, es causa de todos los calores, como se explica en el mismo libro-, del mismo modo hay algo que en todos los seres es causa de su existir, de su bondad, de cualquier otra perfección. Le llamamos Dios.
5) La quinta se deduce a partir del ordenamiento de las cosas. Pues vemos que hay cosas que no tienen conocimiento, como son los cuerpos naturales, y que obran por un fin. Esto se puede comprobar observando cómo siempre o a menudo obran igual para conseguir lo mejor. De donde se deduce que, para alcanzar su objetivo, no obran al azar, sino intencionadamente.
Las cosas que no tienen conocimiento no tienden al fin sin ser dirigidas por alguien con conocimiento e inteligencia, como la flecha por el arquero. Por lo tanto, hay alguien inteligente por el que todas las cosas son dirigidas al fin. Le llamamos Dios.
La existencia de Dios puede ser probada de cinco maneras distintas:
1) La primera y más clara es la que se deduce del movimiento. Pues es cierto, y lo perciben los sentidos, que en este mundo hay movimiento. Y todo lo que se mueve es movido por otro. De hecho nada se mueve a no ser que en, cuanto potencia, esté orientado a aquello por lo que se mueve. Por su parte, quien mueve está en acto. Pues mover no es más que pasar de la potencia al acto. La potencia no puede pasar a acto más que por quien está en acto.
Ejemplo: El fuego, en acto caliente, hace que la madera, en potencia caliente, pase a caliente en acto. De este modo la mueve y cambia. Pero no es posible que una cosa sea lo mismo simultáneamente en potencia y en acto; sólo lo puede ser respecto a algo distinto.
Ejemplo: Lo que es caliente en acto, no puede ser al mismo tiempo caliente en potencia, pero sí puede ser en potencia frío.
Igualmente, es imposible que algo mueva y sea movido al mismo tiempo, o que se mueva a sí mismo. Todo lo que se mueve necesita ser movido por otro.
Pero si lo que es movido por otro se mueve, necesita ser movido por otro, y éste por otro. Este proceder no se puede llevar indefinidamente, porque no se llegaría al primero que mueve, y así no habría motor alguno pues los motores intermedios no mueven más que por ser movidos por el primer motor.
Ejemplo: Un bastón no mueve nada si no es movido por la mano. Por lo tanto, es necesario llegar a aquel primer motor al que nadie mueve. En éste, todos reconocen a Dios.
2) La segunda es la que se deduce de la causa eficiente. Pues nos encontramos que en el mundo sensible hay un orden de causas eficientes. Sin embargo, no encontramos, ni es posible, que algo sea causa eficiente de sí mismo, pues sería anterior a sí mismo, cosa imposible. En las causas eficientes no es posible proceder indefinidamente porque en todas las causas eficientes hay orden: la primera es causa de la intermedia; y ésta, sea una o múltiple, lo es de la última. Puesto que, si se quita la causa, desaparece el efecto, si en el orden de las causas eficientes no existiera la primera, no se daría tampoco ni la última ni la intermedia. Si en las causas eficientes llevásemos hasta el infinito este proceder, no existiría la primera causa eficiente; en consecuencia no habría efecto último ni causa intermedia y esto es absolutamente falso. Por lo tanto, es necesario admitir una causa eficiente primera. Todos la llaman Dios.
3) La tercera es la que se deduce a partir de lo posible y de lo necesario. Y dice: Encontramos que las cosas pueden existir o no existir, pues pueden ser producidas o destruidas, y consecuentemente es posible que existan o que no existan. Es imposible que las cosas sometidas a tal posibilidad existan siempre, pues lo que lleva en sí mismo la posibilidad de no existir, en un tiempo no existió. Si, pues, todas las cosas llevan en sí mismas la posibilidad de no existir, hubo un tiempo en que nada existió. Pero si esto es verdad, tampoco ahora existiría nada, puesto que lo que no existe no empieza a existir más que por algo que ya existe. Si, pues, nada existía, es imposible que algo empezara a existir; en consecuencia, nada existiría; y esto es absolutamente falso. Luego no todos los seres son sólo posibilidad; sino que es preciso algún ser necesario. Todo ser necesario encuentra su necesidad en otro, o no la tiene.
Por otra parte, no es posible que en los seres necesarios se busque la causa de su necesidad llevando este proceder indefinidamente, como quedó probado al tratar las causas eficientes (núm. 2). Por lo tanto, es preciso admitir algo que sea absolutamente necesario, cuya causa de su necesidad no esté en otro, sino que él sea causa de la necesidad de los demás. Todos le dicen Dios.
4) La cuarta se deduce de la jerarquía de valores que encontramos en las cosas. Pues nos encontramos que la bondad, la veracidad, la nobleza y otros valores se dan en las cosas. En unas más y en otras menos. Pero este más y este menos se dice de las cosas en cuanto que se aproximan más o menos a lo máximo. Así, caliente se dice de aquello que se aproxima más al máximo calor.
Hay algo, por tanto, que es muy veraz, muy bueno, muy noble; y, en consecuencia, es el máximo ser; pues las cosas que son sumamente verdaderas, son seres máximos, como se dice en II Metáis. Como quiera que en cualquier género, lo máximo se convierte en causa de lo que pertenece a tal género -así el fuego, que es el máximo calor, es causa de todos los calores, como se explica en el mismo libro-, del mismo modo hay algo que en todos los seres es causa de su existir, de su bondad, de cualquier otra perfección. Le llamamos Dios.
5) La quinta se deduce a partir del ordenamiento de las cosas. Pues vemos que hay cosas que no tienen conocimiento, como son los cuerpos naturales, y que obran por un fin. Esto se puede comprobar observando cómo siempre o a menudo obran igual para conseguir lo mejor. De donde se deduce que, para alcanzar su objetivo, no obran al azar, sino intencionadamente.
Las cosas que no tienen conocimiento no tienden al fin sin ser dirigidas por alguien con conocimiento e inteligencia, como la flecha por el arquero. Por lo tanto, hay alguien inteligente por el que todas las cosas son dirigidas al fin. Le llamamos Dios.
lunes, 11 de noviembre de 2013
Vivimos gracias a la confianza
No todo lo que nos ata restringe nuestra libertad. Por ejemplo, las cadenas esclavizan, pero las raíces –que también atan- nos alimentan. Así es la fe, una raíz.
En todos los ámbitos, vivimos gracias a la confianza en los expertos. ¿Por qué no confiar también en Dios, con respecto al sentido de nuestra vida?
---
No tenemos evidencias empíricas de todo. Si no confiáramos en los demás, si no tuviéramos fe en ellos, podríamos dudar de casi todo: p.e. de si somos hijos de nuestros padres (hay niños robados), del medicamento y el rótulo de su caja, de los carteles de las autopistas, de que la cena no está envenenada, o de tantos detalles de geografía e historia, etc.
Lo mismo pasa en la amistad y el amor: no sabemos si en caso de problemas esta persona me será fiel. Sólo puedo decir que creo en ella. La amistad exige confianza.
El ámbito de lo que yo puedo comprobar empíricamente es muy limitado, y sería muy reduccionista confiar sólo en lo que yo puedo comprobar por mí mismo. No es razonable pedir un desproporcionado grado de seguridad, sobre todo si sólo lo pedimos para las cuestiones de fe y moral.
La resistencia para creer en Dios procede de que eso implica decisiones morales, es decir, de la conducta. Por eso, Dios quiere moverse en el terreno de la fe, y no nos proporciona evidencias irrefutables. El acto de fe reclama la libertad. Hay que entender bien la libertad, y distinguir entre los lazos que dan vida y los vínculos que esclavizan: si rompes tus cadenas, te liberas; pero si cortas con tus raíces –que también atan-, mueres.
No se puede demostrar empíricamente (aunque sí se puede mostrar lógicamente) la existencia de Dios, porque Dios no es sensible, no se mueve en el mundo físico, sino en la metafísica. Tampoco se puede demostrar que no exista. Y sin embargo, los que no quieren creer viven como si Dios no existiera, es decir, que ya toman partido.
¿Y en caso de equivocarse? Decía Pascal: “prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe. Porque si después no hay nada, evidentemente nunca lo sabré, cuando me hunda en la nada eterna. Pero si hay algo, si hay Alguien, tendré que dar cuenta de mi actitud de rechazo”.
Además, en el plano meramente humano, la fe da sentido a la vida del creyente. A veces, los no-creyentes “bienintencionados” (p.e. Mario Vargas Llosa) suelen decir que tienen envidia de la alegría e ingenuidad de los creyentes, pues la fe les ayuda a sobrellevar los disgustos y dificultades de la vida, mientras el no-creyente no les encuentra ningún sentido.
Una vez más, la explicación del creyente puede parecer ardua, pero la del increyente es más ardua aún, y desesperanzadora.
En todos los ámbitos, vivimos gracias a la confianza en los expertos. ¿Por qué no confiar también en Dios, con respecto al sentido de nuestra vida?
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No tenemos evidencias empíricas de todo. Si no confiáramos en los demás, si no tuviéramos fe en ellos, podríamos dudar de casi todo: p.e. de si somos hijos de nuestros padres (hay niños robados), del medicamento y el rótulo de su caja, de los carteles de las autopistas, de que la cena no está envenenada, o de tantos detalles de geografía e historia, etc.
Lo mismo pasa en la amistad y el amor: no sabemos si en caso de problemas esta persona me será fiel. Sólo puedo decir que creo en ella. La amistad exige confianza.
El ámbito de lo que yo puedo comprobar empíricamente es muy limitado, y sería muy reduccionista confiar sólo en lo que yo puedo comprobar por mí mismo. No es razonable pedir un desproporcionado grado de seguridad, sobre todo si sólo lo pedimos para las cuestiones de fe y moral.
La resistencia para creer en Dios procede de que eso implica decisiones morales, es decir, de la conducta. Por eso, Dios quiere moverse en el terreno de la fe, y no nos proporciona evidencias irrefutables. El acto de fe reclama la libertad. Hay que entender bien la libertad, y distinguir entre los lazos que dan vida y los vínculos que esclavizan: si rompes tus cadenas, te liberas; pero si cortas con tus raíces –que también atan-, mueres.
No se puede demostrar empíricamente (aunque sí se puede mostrar lógicamente) la existencia de Dios, porque Dios no es sensible, no se mueve en el mundo físico, sino en la metafísica. Tampoco se puede demostrar que no exista. Y sin embargo, los que no quieren creer viven como si Dios no existiera, es decir, que ya toman partido.
¿Y en caso de equivocarse? Decía Pascal: “prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe. Porque si después no hay nada, evidentemente nunca lo sabré, cuando me hunda en la nada eterna. Pero si hay algo, si hay Alguien, tendré que dar cuenta de mi actitud de rechazo”.
Además, en el plano meramente humano, la fe da sentido a la vida del creyente. A veces, los no-creyentes “bienintencionados” (p.e. Mario Vargas Llosa) suelen decir que tienen envidia de la alegría e ingenuidad de los creyentes, pues la fe les ayuda a sobrellevar los disgustos y dificultades de la vida, mientras el no-creyente no les encuentra ningún sentido.
Una vez más, la explicación del creyente puede parecer ardua, pero la del increyente es más ardua aún, y desesperanzadora.
lunes, 4 de noviembre de 2013
¿Porqué hay que confesarse con un sacerdote?
Si sólo Dios puede perdonar los pecados, y si lo esencial es que uno, en el interior de su corazón, se arrepienta ante Dios, ¿porqué es necesario confesarse ante un sacerdote?
1. Porque es el ofendido, y no el ofensor, quien establece en qué condiciones se aceptan las disculpas. Y Jesucristo, el día de su resurrección, cuando ya había conseguido el perdón para todo el género humano, confirió a los discípulos el poder de perdonar los pecados:
“Como el Padre me envió, así os envío yo. Dicho esto sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos” (Jn 20, 21-23).
2. Porque todos formamos un Pueblo de Dios, somos una comunidad; nadie se administra a sí mismo ningún sacramento (salvo el sacerdote cuando comulga). Esto pone de manifiesto que la salvación nos es concedida, no la alcanzamos nosotros.
3. Porque se evita así que el juicio sobre la gravedad de nuestros pecados, la penitencia a cumplir, etc. sea demasiado subjetivo. Al recibir la absolución del sacerdote, tenemos certeza –no sólo la impresión subjetiva- de que hemos sido perdonados.
4. Porque así nos reconciliamos también con la comunidad, con la Iglesia; en efecto, todo pecado, incluso los más internos, dañan a la comunidad porque desordenan a la persona individual, y su mala conciencia se refleja en su comportamiento externo. En todo caso, restan santidad a la comunidad.
5. Porque manifestar los pecados, expresarlos, sacarlos de dentro de nosotros, nos libera de su peso.
6. Porque el sacerdote puede darnos consejos para la lucha espiritual.
lunes, 28 de octubre de 2013
¿Porqué hay que ir a Misa los domingos?
Es verdad que es una obligación que nos ata, pero nos ata al bien.
La esencia de la Misa es la obediencia del Hijo que se ofrece al Padre, en un acto de obediencia, de identificación con su voluntad, a pesar del sacrificio que conlleva.
Nosotros ¿no vamos a vencer el esfuerzo de asistir, no vamos a ser obedientes también?
El ser humano:
- es corporal, material y sensible, por lo que necesita gestos y signos sensibles, no sólo puramente espirituales;
- es temporal, histórico, y necesita que las cosas se repitan en el tiempo, no sólo una vez; “El tiempo no es el féretro de nuestras ilusiones; es la oportunidad para transformar los momentos fugaces de esta vida en semillas de eternidad” (Juan Pablo II);
- es social, y necesita celebrar en comunidad, con los demás.
1. Dios-creador estableció un día para descansar y bendecir a Dios
“en seis días hizo Yahveh el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo Yahveh el día del sábado y lo hizo sagrado” (Ex 20,11)
2. Luego, Jesucristo resucitó en domingo, y el Espíritu Santo descendió en domingo
Los 4 evangelios cuentan que Jesucristo resucitó “al amanecer del primer día de la semana, y se apareció en primer lugar a María Magdalena” (Marcos)
Por la tarde, se aparece a sus discípulos. “Al atardecer de aquel día, el siguiente al sábado, con las puertas del lugar donde se habían reunido los discípulos cerradas por miedo a los judíos, vino Jesús, se presentó en medio de ellos” (Jn 20,19).
Y como Tomás no estaba presente, Jesús volvió “pasados ocho días”, el mismo día de la semana. Parece que quiere insistir y reforzar la idea del domingo.
¿Cómo es tu domingo? ¿Es descanso en el Señor, en la familia, en la Iglesia?
¿Cómo vives el tercer mandamiento –santificarás las fiestas-, y el cuarto mandamiento –honrarás a tu padre y a tu madre-, los fines de semana?
El domingo es
- descanso de la creación, y dies Domini (día del Señor)
- día de la resurrección y dies Christi (día de Cristo)
- día de la Pentecostés del Espíritu Santo, y dies ecclesiae (día de la institución de la iglesia, con sentido comunitario)
Al principio, era el dies solis, día del sol (aún se dice sunday en inglés, sontag en alemán)
Los nombres de la semana proceden de los astros, según la distancia a la tierra, aunque se equivocaban en alguno: luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno, Sol. La semana de siete días no es sólo un invento cristiano: procede de la subdivisión natural del mes lunar de 28 días, el tiempo que la luna emplea en girar alrededor de nuestro planeta.
3. Dies ecclesiae
Día comunitario, eclesial.
A veces, los esposos tienen pocas ocasiones de hablar, o los padres con los hijos. Me refiero a hablar de verdad, no con monosílabos o evasivas.
La forma de la Misa se ha ido elaborando durante siglos. No se despacha en diez minutos; la finalidad no es sólo la consagración y comulgar, al igual que un banquete de bodas dura 3-4 horas, y la finalidad no es alimentarse, sino celebrar.
Es un día para ayudar a los demás, para la solidaridad, etc. Que el fin de semana no sea sólo para mi diversión, mi descanso, mi estudio.
4. Reunión dominical
Es bueno ir a misa siempre acompañado por amigos o familiares. Así ambos acuden más fácilmente.
En España, para una persona sana, no ir a misa un domingo es pecado grave, pues hay muchas misas y no están demasiado lejos.
Conviene utilizar una vestimenta adecuada, no muy deportiva o playera. Preparar el alma para recibir a Jesucristo.
Hay modos muy diversos de celebrar la misa. Si los cantos te parecen malos, o la homilía aburrida, busca un lugar donde se celebre como a ti te guste.
Motivos comúnmente aducidos para no ir a Misa
1. No siento nada.
Lo principal no es sentir, sino alabar a Dios, darle gracias, pedirle virtudes y favores, pedirle perdón por las ofensas. Vamos para honrar a Dios, no a mi gusto. El protagonista es Dios, no mi gusto.
Además, si pones de tu parte y “metes la cabeza” en lo que se dice, pronto también tú sentirás, aunque eso no es lo importante.
2. Me aburro.
A Misa no vamos a divertirnos. El verdadero problema tal vez sea que no sientes la necesidad de pedir nada. Y sin embargo, necesitas virtudes: generosidad, alegría, fortaleza, sobriedad, etc.
3. Es siempre lo mismo.
La misa se repite –con algunas variaciones- porque no es una obra de teatro o una película, cuyo final aún no conoces. Es la actualización de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, que sucedió en un momento histórico; en la misa Jesucristo vuelve a hacer presente y actual el ofrecimiento de su vida.
Si lo piensas, hay muchas cosas en nuestra vida –con los familiares, con los amigos- que son siempre iguales, y sin embargo nos gusta volver a revivirlas, una vez y otra.
4. No tengo tiempo.
Más bien sucede al revés: lo único que tenemos es tiempo. La persona es un tiempo, unos años de vida, y unos talentos. Cada uno se dedica a lo que quiere. Con nuestras pequeñas decisiones, vamos dando prioridad a unas cosas u otras.
5. Tengo otros planes mejores: excursiones, deporte, etc.
No hay que plantear las cosas como una dicotomía (o hago esto o voy a Misa), sino insertar a Dios y la Misa en mis planes.
6. Tengo dudas de fe.
La fe es un regalo de Dios, y hay que pedirla. Alejarse de Dios dejando de ir a Misa, no parece el mejor método para resolver las dudas de fe e incrementarla… La frecuencia de sacramentos -confesión y comunión- es la más efectiva manera de aumentar la fe.
7. Estoy peleado con Dios.
"Hubo algo que pasó en mi vida (la muerte de un ser muy querido, un fracaso muy doloroso, una enfermedad… o cualquier otra tragedia) que me hizo enfadarme con Dios: Si Él me hace esto… ¿por qué voy a ir a Misa?”
Dios nos quiere más que nosotros mismos, y sabe más del futuro que nosotros. Todo lo que dispone es para nuestro bien. Si no hubiese sucedido aquello, podrían haber pasado otros males.
8. Hay gente que va y después se porta mal.
Es verdad; ir a Misa sólo no basta. En aquellos que van y después no son honrados, lo malo es que son deshonestos… no que vayan a Misa… que sigue siendo algo bueno aunque ellos después se porten mal. La causa de su deshonestidad no es el ir a Misa.
Además, cada uno debe procurar hacer el bien, con independencia de lo que hagan los demás. Dejar la Misa no mejora a nadie… en todo caso lo empeora.
¿Cómo conseguir conectar más con la Misa?
1. Tratar de vivir la Misa, es decir, rezar en voz alta, responder, cantar, etc.
2. Leer algo sobre la Misa para entenderla mejor.
3. Leer y meditar los textos de la Liturgia, que contienen una gran sabiduría.
4. Prepararse con oraciones.
La esencia de la Misa es la obediencia del Hijo que se ofrece al Padre, en un acto de obediencia, de identificación con su voluntad, a pesar del sacrificio que conlleva.
Nosotros ¿no vamos a vencer el esfuerzo de asistir, no vamos a ser obedientes también?
El ser humano:
- es corporal, material y sensible, por lo que necesita gestos y signos sensibles, no sólo puramente espirituales;
- es temporal, histórico, y necesita que las cosas se repitan en el tiempo, no sólo una vez; “El tiempo no es el féretro de nuestras ilusiones; es la oportunidad para transformar los momentos fugaces de esta vida en semillas de eternidad” (Juan Pablo II);
- es social, y necesita celebrar en comunidad, con los demás.
1. Dios-creador estableció un día para descansar y bendecir a Dios
“en seis días hizo Yahveh el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo Yahveh el día del sábado y lo hizo sagrado” (Ex 20,11)
2. Luego, Jesucristo resucitó en domingo, y el Espíritu Santo descendió en domingo
Los 4 evangelios cuentan que Jesucristo resucitó “al amanecer del primer día de la semana, y se apareció en primer lugar a María Magdalena” (Marcos)
Por la tarde, se aparece a sus discípulos. “Al atardecer de aquel día, el siguiente al sábado, con las puertas del lugar donde se habían reunido los discípulos cerradas por miedo a los judíos, vino Jesús, se presentó en medio de ellos” (Jn 20,19).
Y como Tomás no estaba presente, Jesús volvió “pasados ocho días”, el mismo día de la semana. Parece que quiere insistir y reforzar la idea del domingo.
¿Cómo es tu domingo? ¿Es descanso en el Señor, en la familia, en la Iglesia?
¿Cómo vives el tercer mandamiento –santificarás las fiestas-, y el cuarto mandamiento –honrarás a tu padre y a tu madre-, los fines de semana?
El domingo es
- descanso de la creación, y dies Domini (día del Señor)
- día de la resurrección y dies Christi (día de Cristo)
- día de la Pentecostés del Espíritu Santo, y dies ecclesiae (día de la institución de la iglesia, con sentido comunitario)
Al principio, era el dies solis, día del sol (aún se dice sunday en inglés, sontag en alemán)
Los nombres de la semana proceden de los astros, según la distancia a la tierra, aunque se equivocaban en alguno: luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno, Sol. La semana de siete días no es sólo un invento cristiano: procede de la subdivisión natural del mes lunar de 28 días, el tiempo que la luna emplea en girar alrededor de nuestro planeta.
3. Dies ecclesiae
Día comunitario, eclesial.
A veces, los esposos tienen pocas ocasiones de hablar, o los padres con los hijos. Me refiero a hablar de verdad, no con monosílabos o evasivas.
La forma de la Misa se ha ido elaborando durante siglos. No se despacha en diez minutos; la finalidad no es sólo la consagración y comulgar, al igual que un banquete de bodas dura 3-4 horas, y la finalidad no es alimentarse, sino celebrar.
Es un día para ayudar a los demás, para la solidaridad, etc. Que el fin de semana no sea sólo para mi diversión, mi descanso, mi estudio.
4. Reunión dominical
Es bueno ir a misa siempre acompañado por amigos o familiares. Así ambos acuden más fácilmente.
En España, para una persona sana, no ir a misa un domingo es pecado grave, pues hay muchas misas y no están demasiado lejos.
Conviene utilizar una vestimenta adecuada, no muy deportiva o playera. Preparar el alma para recibir a Jesucristo.
Hay modos muy diversos de celebrar la misa. Si los cantos te parecen malos, o la homilía aburrida, busca un lugar donde se celebre como a ti te guste.
Motivos comúnmente aducidos para no ir a Misa
1. No siento nada.
Lo principal no es sentir, sino alabar a Dios, darle gracias, pedirle virtudes y favores, pedirle perdón por las ofensas. Vamos para honrar a Dios, no a mi gusto. El protagonista es Dios, no mi gusto.
Además, si pones de tu parte y “metes la cabeza” en lo que se dice, pronto también tú sentirás, aunque eso no es lo importante.
2. Me aburro.
A Misa no vamos a divertirnos. El verdadero problema tal vez sea que no sientes la necesidad de pedir nada. Y sin embargo, necesitas virtudes: generosidad, alegría, fortaleza, sobriedad, etc.
3. Es siempre lo mismo.
La misa se repite –con algunas variaciones- porque no es una obra de teatro o una película, cuyo final aún no conoces. Es la actualización de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, que sucedió en un momento histórico; en la misa Jesucristo vuelve a hacer presente y actual el ofrecimiento de su vida.
Si lo piensas, hay muchas cosas en nuestra vida –con los familiares, con los amigos- que son siempre iguales, y sin embargo nos gusta volver a revivirlas, una vez y otra.
4. No tengo tiempo.
Más bien sucede al revés: lo único que tenemos es tiempo. La persona es un tiempo, unos años de vida, y unos talentos. Cada uno se dedica a lo que quiere. Con nuestras pequeñas decisiones, vamos dando prioridad a unas cosas u otras.
5. Tengo otros planes mejores: excursiones, deporte, etc.
No hay que plantear las cosas como una dicotomía (o hago esto o voy a Misa), sino insertar a Dios y la Misa en mis planes.
6. Tengo dudas de fe.
La fe es un regalo de Dios, y hay que pedirla. Alejarse de Dios dejando de ir a Misa, no parece el mejor método para resolver las dudas de fe e incrementarla… La frecuencia de sacramentos -confesión y comunión- es la más efectiva manera de aumentar la fe.
7. Estoy peleado con Dios.
"Hubo algo que pasó en mi vida (la muerte de un ser muy querido, un fracaso muy doloroso, una enfermedad… o cualquier otra tragedia) que me hizo enfadarme con Dios: Si Él me hace esto… ¿por qué voy a ir a Misa?”
Dios nos quiere más que nosotros mismos, y sabe más del futuro que nosotros. Todo lo que dispone es para nuestro bien. Si no hubiese sucedido aquello, podrían haber pasado otros males.
8. Hay gente que va y después se porta mal.
Es verdad; ir a Misa sólo no basta. En aquellos que van y después no son honrados, lo malo es que son deshonestos… no que vayan a Misa… que sigue siendo algo bueno aunque ellos después se porten mal. La causa de su deshonestidad no es el ir a Misa.
Además, cada uno debe procurar hacer el bien, con independencia de lo que hagan los demás. Dejar la Misa no mejora a nadie… en todo caso lo empeora.
¿Cómo conseguir conectar más con la Misa?
1. Tratar de vivir la Misa, es decir, rezar en voz alta, responder, cantar, etc.
2. Leer algo sobre la Misa para entenderla mejor.
3. Leer y meditar los textos de la Liturgia, que contienen una gran sabiduría.
4. Prepararse con oraciones.
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